Casa Palanca: un refugio para las periodistas perseguidas en Cuba

Publicado originalmente en Newsweek

Cuba es un país mal contado porque el periodismo está conformado por hombres y más de la mitad de la población son mujeres”, comparte en entrevista Marta María Ramírez, periodista y activista originaria de Cuba.

Ramírez reside en un país donde la libertad de prensa y los derechos humanos son reprimidos por el gobierno. Junto a otras periodistas inició un proyecto que fungirá como espacio de trabajo, refugio y acompañamiento para mujeres relacionadas con el periodismo en Cuba: Casa Palanca.

“Más de la mitad de la población de Cuba somos mujeres, pero entendidas solo como mujeres de sexo biológico. Entonces, ¿por qué estamos tan mal representadas en la prensa independiente? ¿Por qué si somos mayorías en las facultades de comunicación somos minorías en la prensa independiente? Esta es la pregunta básica, elemental, de la que partió el colectivo. Así empezamos a identificar que hay una constante violencia política del Estado junto al sometimiento del sistema patriarcal”, señala.

En Cuba, el periodismo independiente ahora es tratado como una actividad ilícita, lo que polariza todavía más la expresión de la población cuando la información no es diluida a través del filtro del Estado. El colectivo Casa Palanca busca otorgarle visibilidad tanto a estas problemáticas como al periodismo de las mujeres, así como ser un santuario para mujeres que sufren de violencia machista.

Por medio de un crowfounding, Casa Palanca espera generar las donaciones suficientes para comprar un espacio y que se pueda ayudar a la mayoría de mujeres posibles.

Asimismo, en sus planes se encuentra un hogar de tránsito para las mujeres que vienen de la provincia a La Habana. Marta María Ramírez explica que, cuando estas mujeres visiten la capital por una cuestión médica o un curso, “podrán tener un espacio de trabajo y que se sientan seguras”.

Debido a la crisis de covid-19, llamada por la periodista “la crisis humanitaria de coronavirus”, dichos lugares laborales se han reducido drásticamente. “Todo depende de que podamos conseguir este monto (de dinero) y de lo que podamos comprar en Cuba dentro de la legalidad. Las viviendas en Cuba se compran sin declararle al Estado todo el monto, pero nosotras sí tendríamos que hacer eso como un acuerdo de transparencia para no ponernos en riesgo. Y es que tenemos algunas compañeras que están siendo acosadas brutalmente por las fuerzas del Estado”.

De acuerdo con la activista, es importante encontrar un espacio seguro donde puedan trabajar y se forme un grupo protegido de conversación. Este proyecto, reflexiona, es un grito al sistema que dice “no estamos solas”: “Una chispa, la primera llama de un incendio que pueda abarcar a más partes de la región en donde los conceptos y problemáticas no son tan diferentes.

“Yo creo que el hecho de habernos reunido 20 mujeres con nuestras características, de las cuales todas nos conocemos y nos apoyamos, es algo imparable. No queremos la casa para lucrar, sino para asociarnos entre mujeres. Y esto también es un mensaje al Estado”, indica.

El periodismo en Cuba se ha transformado en una de las profesiones más peligrosas, ya que el Estado solo acepta a la prensa oficial como el medio informativo. Así, subyuga a cualquier otro comunicador que no forme parte del organismo.

Sin embargo, para las mujeres la situación se desploma de forma más violenta. En 2019, el gobierno cubano aceptó por primera vez que existía el fenómeno de los feminicidios dentro del territorio, pero sin ofrecer cifras concretas. También rechazó el proyecto de Ley Integral contra la Violencia de Género que propuso un grupo de mujeres activistas.

“Hace unos días, mi hija me dijo: ‘No quiero que nadie más sea periodista’. Ella tiene tres años. Es duro porque es mi profesión, es lo que yo quiero hacer y es doloroso”, dice Ramírez.

Una de las preocupaciones de la periodista sobre la creación del colectivo es que el Estado no les permita adquirir el terreno para edificar la casa. Sin embargo, la más grande es su hija: que el gobierno tome represalias que también afecten a su familia.

No obstante, incluso tras recibir una amenaza de muerte en Twitter, la periodista sigue al pie del cañón junto a sus compañeras.

“Vivimos en un país con un patriarcado crítico, en un totalitarismo de corte patriarcal. Entonces, nos encontramos en una situación grave ante la represión del Estado. El Estado ha convertido a los periodistas en activistas”, concluye.

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